Las Fotos de los 15 millones de personas alcanzadas

15 de agosto, 2016 - Historias - Comentar -

Viernes, tres de junio de dos mil dieciséis. Circuito de Barcelona. Jornada de entrenamientos libres.

Primero arrancaron las Moto3, luego rugieron las MotoGP y, como siempre, en tercer lugar salieron las Moto2. Día normal en el que para nada sirven los cronos de Moto2 y Moto3. No hay nada en juego. Sólo adaptarse a la pista e intentar poner a punto la moto para los clasificatorios del sábado.

Las Moto3 volvieron a salir, seguidas de nuevo por las MotoGP. A escasos cinco minutos de terminar la última sesión en la categoría reina, como otros muchos compañeros fotógrafos, decidí acudir a la recta del estadio (justo en el vértice de la curva doce). Es habitual que en esa pequeña recta, donde los pilotos no pueden parar sus motos para ensayar la salida, se produzcan guiños al público en forma de espectaculares "caballitos". En muchas ocasiones son ésas las fotografías que piden los medios de comunicación.

 

El calor abrasador comenzaba a pasar factura de las horas en pista. Cargado con el equipo fotográfico. Mendigando agua en los puestos de comisarios. Sudoroso y recordando las palabras de mi mujer: "Seguro que algo te vas a dejar en casa". Olvidé la gorra para protegerme del sol.

Salieron las Moto2. Última sesión del día. Ya tenía material suficiente por la primera sesión. Decidí volver a la sala de prensa para refrescarme, editar el trabajo y enviarlo lo antes posible. Pero no sin antes hacer una breve parada entre la curva doce y trece. Allí hice esta foto:

 

 

Asalté, ya en la sala de prensa, a las benditas garrafas de agua fría para reponer líquido. No sé cuántos vasos llegué a beberme en un momento.

Rafa Babot, mi compañero de AFP7 con el que cubría el Gran Premio, ya tenía su ordenador abierto cuando llegué a la mesa. Muchos pensamos lo mismo. Adelantar tiempo y dar por finalizado el trabajo en pista. Yo tenía cerca de tres mil fotografías en mis cámaras.

Unas risas. Unas bromas. "Mira esta foto. Joder cómo van estos tíos"...

Pero algo pasa en los monitores. Alguien ha sufrido un accidente en la curva doce y parece ser muy grave. Bandera roja y en pocos minutos el helicóptero está en la pista. Es Luis Salom.

La información, o desinformación, comienza a ir de boca en boca por toda la sala. Se lo quieren llevar al Hospital General de Barcelona.

Un fotógrafo, sentado justo detrás nuestra, comenzó a revisar las fotografías del accidente. Las únicas imágenes que habían. Todos nos dimos cuenta de que era algo serio.

Dorna no tardó en actuar para que las imágenes no salieran a la luz. Señal de que todo empezaba a complicarse.

Al no tener ninguna imagen de lo ocurrido, Rafa y yo decidimos ir al Centro Médico del Circuito, donde cabía la posibilidad de que llevaran a Luis.

Así que cogimos las cámaras y recorrimos los escasos doscientos metros que nos separaban de la puerta de acceso. Ya aguardaban allí varios periodistas y fotógrafos. Ninguno de ellos quería decir nada que arrojara luz al estado del piloto.

 

No tardó en llegar la ambulancia. Luis iba dentro y los médicos continuaban atendiéndolo. Caras serias. Varios coches también se dieron cita.

Me sorprendió el enorme respeto de los medios que estábamos allí. Nadie quería estar en ese lugar, pero es nuestro trabajo. Es grato ver que aún hay decencia en el mundo.

 

Comenzaba a correr el rumor de que Luis iba a ser trasladado en ambulancia y no en helicóptero, lo que calmó los nervios de muchos, incluidos los de Rafa.

Yo no estaba seguro. Sabía que habían dos opciones. No era tan grave y se desplaza en ambulacia o, por el contrario, estaba tan grave que los cambios de presión en el helicóptero podían ser críticos.

Salió la ambulancia y, tras ella, salía María Antonia Horrach (madre de Luis) totalmente rota. Ya sabía lo que nadie quería ni pensar (No puedo subir su foto).


- Aquí no hacemos nada - dijo Rafa -.

Nos volvimos al silencio de la sala de prensa y continuamos editando y enviando el material.


Me llega un correo de Dorna. Está en inglés. Comunicado informando del estado de Luis Salom...

No podía creer lo que estaba leyendo. Comprobé la dirección del remitente unas cuantas veces para cerciorarme que realmente es de Dorna. Le digo su contenido a Rafa. No se lo cree y yo, viendo su rostro, caigo en la cuenta de que Rafa es mallorquín y suele alardear de tener un piloto en cada categoría...

Lo cierto es que yo tampoco lo creo. Quizá es que realmente soy un cafre leyendo inglés. Uso el Google translator y... Todo es real, pero irreal.

Aquí da comienzo un fin de semana totalmente atípico y difícil de describir.

Recuerdos. Homenajes. Flores. Gestos.

Hace sólo unos cuantos minutos que te he hecho una puñetera foto.


Pasa el sábado. Llega el domingo de carreras.

Termina Moto3. Banderas de Luis Salom en la pista y homenaje en el podio.

Termina Moto2. Banderas de Luis Salom en la pista y homenaje en el podio.

No estoy muy seguro de si estas carreras se tendrían que estar disputando. Sé que hay muchos factores a tener en cuenta pero, no sé.

Termina MotoGP. Gana Valentino Rossi y voy directo a la maldita curva doce. Su club de fans está justo allí.

Me di cuenta de que varios fotógrafos habían entrado en la pista para tener mejor composición en la fotografía, así que entré yo también. Pero Valentino llegó, saludó y continuó sin celebrar la victoria. Era de suponer, nadie había celebrado nada en todo el día.

Todos los fotógrafos salieron de la pista, pero yo quise quedarme. Desde el vial, los comisarios me tapaban la vista y quería hacer una foto limpia de una bandera de Luis.


No llegaron más banderas, pero sí lo hizo Pol Espargaró con un cartel en el que se mostraba el número 39 de Luis Salom. Ahí tenía mi foto limpia.

Pero esto es deporte. Esto es Pol Espargaró.

Me pasó por al lado mío y se dirigió al punto en el que hacía dos días había perdido la vida un amigo y compañero suyo.

Sabía que algo iba a pasar y yo era el único fotógrafo que tenía un buen ángulo de tiro. Ahí estaba mi foto, seguro.


Entonces ocurrió. Pol dejó el número 39. Se arrodilló. Sus manos tocaron el asfalto, aún con algo de suciedad del accidente. Mi cámara no paraba de disparar.

Pol comenzó a bajar la cabeza. Poco público le vería, las protecciones le tapaban. No era momento de publicidades, era algo íntimo.

Un beso al asfalto y un nudo en mi garganta. Aún no sé cómo pude mantener el tipo. Jamás lo sabré.

Pol volvió a subir a su moto y, tal como vino, se fue.


En la sala de prensa sabía que nadie más tenía esas fotos. Eran únicas. Irrepetibles.

Abrí el ordenador y me sorprendió ver que la última carpeta que tenía abierta era una pequeña selección de fotos de Luis Salom. El sábado había seleccionado varias fotografías, intentando creer que eran de ese mismo día y que nada había pasado.

Volví a las fotos de Pol y, sencillamente, dudé si moralmente debía vender ese material.

Todos buscamos la gran foto de nuestras vidas, la que nos pagará la hipoteca y nos hará fumar en papel de billetes de quinientos. No sé si éstas llegarían a tanto, supongo que no. Lo que sí sé es que cuando tienes algo y eres tú mismo el que lo edita, tienes tiempo para pensar y no sabes qué hacer.

Es mi trabajo, lo sé. Pero también es mi conciencia y, qué cojones, yo soy así.

Las subí a las redes sociales y ocurrió la magia. Notificaciones de facebook, twitter... Pol me pide las fotos, se las paso. Es su momento. La Clínica Baviera (patrocinador de Pol) me pide la foto, se las paso. Aún sigo rechazando pagos por esas fotos.

 

 

Continúa la magia y sólo en facebook se rozan los cinco millones de personas alcanzadas. Otras tantas en twitter y, por supuesto, otras tantas a través del propio Pol.

El resto es inevitable. Otros medios de comunicación publican las fotos, que cogen sin más en las redes sociales (sin decir nada, olé sus huevos), y caigo en la cuenta de que es más que probable que nunca vuelva a tener un alcance de esa magnitud. Ni siquiera sé cuánta gente ha visto mis fotos.

¿Esto es magia?

Esto es que tuve la enorme suerte de presenciar algo así. Un recuerdo que guardo como oro en paño, como otros tantos que viví al fotografiar a Luis.

Esto es porque un piloto, un deportista, un chaval con mucha vida por delante, ha caído muchísimo antes de lo que debía. Ibas a dar mucha guerra en MotoGP. Estoy seguro.

 

Lo cierto es que escribo esto y no sé cómo decirlo. Pero quiero dar las gracias por haber estado ahí, por el gesto de Pol, por los millones de personas que han visto, comentado y compartido mis fotos. Pero sobre todo, me encantaría mandar a la ***** todo esto por hacerte un barrido a 1/5. A ver si te gusta el resultado, Luis.

Allá donde estés, resérvame un sitito que esa foto aún está en pendiente ;)

 

Aquí os dejo la foto. Vuestra foto. Compartid sin miedo.

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